miércoles, 27 de enero de 2016

¿qué queda detrás de un silencio?
¿el recuerdo de lo que fuimos, o el de lo que quisimos ser?
.
no fui capaz de decir lo que sentía porque no quería que fuera más difícil para ti o para mi o para los dos. porque en verdad desde que nos conocimos todo fue siempre una despedida, primero a otros países, luego a otros lugares y al final a otras personas.
-
¿y cómo explicarlo?
-
yo te vi y te quise. te quise mía. me quise contigo. encontré algo que siempre había buscado, y proyecté en ti muchas palabras que en mi cabeza aún buscaban un destino. y lo hice porqué lo sentía. vinieron miradas, roces, vergüenza, huídas y escondites. vinieron noches y más noches. un día llegó un beso. y luego algunos más. llegaron tus ojos que me dieron vida, aire, aliento, y calor contra todo mi frío. rozar tu pelo: para qué sirven las manos si no para eso, ¿no? sentirte cerca, diminuta, cautiva, capaz de hacerme daño o de curarme. y dormir abrazados. ojalá haber disfrutado más ese momento, el acto insignificante de tu cuerpo contra el mío. el no pegar ojo por la duda de que al despertar ya no estuvieras. como un sueño. y luego el irte, el saber que te largabas. por un tiempo. construir sobre una duda todo un cielo. qué bonito. qué triste. cuánto exceso. un amor como un secreto.
-
(y te fuiste)
-
y yo esperé como el que espera una tormenta, como el que sabe que se va a calar los huesos. pero quería mojarme. tanto. aprendí palabras para ti, me procuré un alfabeto en el que cupiera todo lo que iba a confesarte. me salté todos los tiempos. te seguí queriendo. detesté los mapas, los mares, la distancia. tuve miedo de las bombas y de no saber si algún día podría protegerte de lo que te atemorizara, o ayudarte a conseguir lo que fuera que necesitaras. y me llegaron palabras tuyas, pocas, que fueron puerto y esperanza. que fueron mar cuando yo ancla.
-
(y volviste)
-
y fui feliz de tu regreso, y volví a sentir la verguenza aquella de no conocernos en verdad, de saber que quizás solo era mi deseo. y recordé todo lo de antes. no hablo de ceniza ni de fuego. hablo de saber que te encontré. y quise cuidarte y que estuvieras bien, me empeñé en ello, te lo juro. puse mi energía en entenderte, y traté de ser sincera. y poco a poco me fui desprotegiendo pero nunca pude quitarte la armadura. una armadura que entonces no comprendí y ahora comprendo. ojalá muchas cosas, pero sobretodo ojalá que seas feliz. que yo quería conmigo y ahora no sé cómo pero lo sigo queriendo, incluso sin mi. y tengo una tristeza que me quema por dentro.
-
(te vas)
-
pero es una tristeza que es egoísmo. porque lo intenté, pero no pude ser tu amiga, no lo quise. y no lo quiero. porque sentir amistad para el que ama es una derrota todo el tiempo. porque en muchos silencios hay más paz que en aquéllo que decimos por decir. porque si yo te sé al pasar y no me giro para verte es porque me he roto el cuello. porque si te tengo enfrente y no te hablo es porque no sé como hablarte de este miedo. y porque desde que sé que estás yendo yo no sé como me siento. siento pena. me estremezco.
-
y no sé cómo gestiono una despedida que a poco que sea como imagino me va a dejar hecho pedazos, roto, seco. porque si ahora somos poco, a la fuerza tendremos que ser menos. porque donde ahora hay cuatro palabras, imagino que tendrá que haber cuatro silencios.
-
y sobretodo porque no estando enamorado -o sí- aún no imaginas lo mucho que te quiero.
Ahora,
por mucho que lo intente,
no consigo escribir en prosa.
No soy poeta,
tal vez,
si cuenta,
un intento de soñadora
con sentido de la realidad.

No me sale dejar que la frase
ocupe todo el renglón.
Creo que toda línea
necesita un espacio
para reflexionar cada palabra,
cada sílaba.

Necesita un espacio
para dejarse respirar,
que esta estrofa lleva mucho tiempo unida
y se está empezando a agobiar.

Que estas rimas
están dejando de ser bonitas
porque están cansadas del poema,
que ya lo han recitado muchas veces.

Que necesitan un paréntesis
entre verso y verso,
porque no se llevan bien,
y tristeza lleva un vestido más bonito Que el poeta está agotado de peleas

y se estrella, 
y está pensando dejar de escribir romances 
y empezar a escribir novelas, 
aunque 
por mucho que lo intente 
no consiga escribir en prosa.
que felicidad.

Que el título no hace justicia al contenido
y el contenido está emigrando
a un lugar
donde se le aprecie.

lunes, 25 de enero de 2016

-¿Cuando no queda nada que se puede hacer?.
-Volver a comenzar.  Pero no de la misma manera, no otra vez igual. Porque ya sabes que no será igual.  Con todo despedazado.  Talves puedas hacer otra cosa, diferente, si es que quieres hacer algo.
-Pero sabes que no tengo ganas, ni fuerzas. Para mí todo ha acabado, solo queda un desierto hostil, donde antes había flores… y la amargura que crece con rabia…
-Me preocupa tu estado.
-No quiero forzar un comienzo. Siento que es artificial. Como poner una bomba de aire a un moribundo. No quiero. Prefiero seguir por donde voy y arrastrarme en mi tierra y darme cuenta que no hay nada. Es más quisiera solamente arrancarme cualquier raíz que por dentro quiera revivir… tengo miedo…
– Siempre da miedo amar.
-Pero parece que tú no comprendes nada.
-Te comprendo, mucho más allá de lo que crees. Te comprendo porque estuve en tu lugar.  Ame, y ame hasta cuando no querían ni saber de mi.  Y dolió.  Dolió hasta la muerte.  ¿Y no es eso el amor, un sacrificio que solo es tal si llevas tu cara bien limpia y lavada, y tu ser perfumado, tanto, que nadie nota ese dolor que por dentro apaga cualquier rebeldía… Nadie que no haya amado entiende esto.
-Pero yo no tengo la fuerza que tienes tu. Soy  tan débil… estoy tan destruido… y soy tan pequeño… soy como un niño golpeado, despreciado en lo más hondo de su ser por quien debió protegerlo…
-Querido… que podría yo decirte que te calme?.  Solo deja que te abrace, no apartes mis brazos, espera conmigo a que el sol amanezca.  Por favor no te vayas, espera, me quedaré aquí contigo, no estás solo,  espera.  No arranques de tu ser lo hermoso que queda… no lo hagas por favor… Sé que tu no crees en Dios, pero Él fue quien me dio las fuerzas cuando pase por ese desierto amargo que ahora cruzas tu. Cuando quise acabar con todo, porque era más fácil terminar que soportar… Él  me sostuvo. Él  me mostró quién era Él, quien es Él, el único que puede “abrir caminos en el desierto y ríos en la soledad”. 
-Quisiera tener eso que tienes tu.
-Lo tendrás.  Lo sé. El amor, el camino correcto, es un camino que puede ser muy doloroso y difícil, pero si no renuncias a mantener esa chispa que enciende otra vez tu corazón, vivirás.  Suena paradójico, pero ese pequeño retoño que se niega a morir y al que le tienes miedo porque crees que te hará sufrir de nuevo, es la vida de tu corazón, al final lo único que importa es que puedas sentir y ser sensible a la voz que te habla desde adentro, no lo dejes morir…, aunque te digo, si muere, no llorarás, pero tampoco reirás, ni siquiera te darás cuenta de nada. Y no es eso como estar muerto?. Pero estar vivo y amar de verdad quizá sea puro llorar por dentro y por momentos ver la luz… o talves como dice la canción “el amor es un frío y roto Halleluyah”. Pero no te cierres… espera. Deja que te abrace hasta que amanezca… 
Las recetas, una vez concluí que no me gustaban, ¿porque? pues creo que vivimos así como siendo constantemente adaptados a normas, comportamientos que si bien son ideales, pueden en determinados momentos, muy puntuales, cegar el raciocinio, o los instintos incluso más básicos, como la supervivencia, o aquellos más hermosos como la compasión.
Las recetas son buenas para la cotidianidad, para no tener que decidir qué hacer a cada instante e ir por el camino más rápido y eficientemente, pero como todo no son buenas en exceso, qué pasa entonces cuando no funcionan, cuando las cosas empiezan a fallar o más dramáticamente ante un evento inesperado, ¿cómo actuar?¿qué buscar? ¿qué considerar?, si se tienen que romper algunas reglas, puedes hacerlo? tienes valor? si algunas cosas están muy afincadas será muy difícil… lo ideal sería que lo irrelevante este sujeto a cambios… pero la vida es un cambio constante, olas que vienen y van, un mar que se abre constantemente ante la proa que es la vida que avanza sin parar… y que debe avanzar, al menos para algunos es así, y así es emocionante y vale la pena cuando se puede arriesgar, ¿qué arriesgar, he allí el dilema…
Estar apegado demasiado puede hacer daño, a conceptos, a ideas… incluso las ideas acerca de nosotros mismos, de los demás, del mundo como tal, hasta de la forma de hacer las cosas.
A mí me gusta estar dispuesta a cambiar, a correr, a seguir, a moverme de mi sitio, a un poco de incomodidad si es necesario.
Si uno se pone a ver hasta para amar hay que estar dispuesto a un poco de incomodidad, no demasiada, talves, pero así es. De hecho cuando se ama de verdad se está dispuesto a “beber veneno por licor suave” y hasta “creer que un cielo en un infierno cabe” como decía Lope de Vega en su famoso soneto. Y es el amor verdadero el que está dispuesto a romper todos los esquemas, como aquel samaritano que se detuvo a ayudar al hombre herido, en este caso hizo algo no esperado de él.
Quizá la mayor mentira que hemos aceptado y consumido es el hecho de juzgar, cuán errónea ha sido tantas veces esa tarea… Juzgamos a cada instante según nuestros parámetros de la vida. Pero si lo analizamos bien el mismo Jesús juzgo al ciego, no físico, sino al que no podía ver con el corazón… y ya decía Buda: “No creas nada aunque lo haya dicho yo mismo, si no coincide con tus propias convicciones”.
Abrir la mente! Parece que se cierra con los años… Pero si se está dispuesto, pueda que nuestro cuerpo envejezca pero nosotros podemos renacer de tiempo en tiempo como las plantas cuando son podadas, aceptar las podas que eventualmente la vida nos da… y aprender a mirar, desear abrir los ojos a todos por igual… y mirar desde otros ángulos, diferentes…

Hoy me apetece subastar lo que siento. Y no para deshacerme de ello, sino para venderlo al mejor postor. Hoy decido que lo viejo, todo lo que he sentido hasta ahora, lo reúno en esta habitación. Todo aquello que he vivido, todo aquello que he pensado, todo aquello que he sentido no es más que lo que soy. Por lo tanto, reciclemos lo viejo, que no por antiguo inútil, y transformémoslo juntos en un nuevo proyecto de vida.

Para ser el mejor postor, te invito a que comiences a conocer el motivo de esta subasta. Por ello, hoy pongo a tu disposición unos cuantos artículos en venta, que no por extraños, son menos interesantes. Aun así, existen algunas condiciones, te explico;

Vendo todas las lágrimas que he llorado por todas las sonrisas que me puedas provocar. Así, serás también capaz de entender el punto de inflexión existente entre el momento en el que escuches el sonido de un lamento o, en cambio, el de una carcajada. Vendo los insultos que he escuchado por palabras que me enciendan el alma. Vendo todo lo que he callado por espacios comunes de reflexión contigo. Vendo las promesas por hechos, por intentos, por esfuerzos. Vendo los celos por confianza, y la frustración por esperanza. Te vendo todo el aburrimiento sentido por toda la curiosidad que puedas transmitirme, y todo el desconocimiento por todo aquello que puedas enseñarme. Vendo mis pesadillas por nuevos sueños, y cualquier "no te arriesgues" por un solo "inténtalo". Vendo todo el pesimismo de mi alrededor por tus futuras dosis de realidad dulcificada y, sobre todo, vendo todo el conformismo por muchas dosis de iniciativa.

Es más, especificaré y te diré que ya no tan solo vendo, sino que también cambio. Te propongo cambiar todas las monedas de 1€ por 100 céntimos por cada una, sorprendernos juntos por el valor de las pequeñas cosas e ilusionarnos al descubrir cuán grandes e importantes pueden volverse. Te propongo no usar la baraja entera con cada juego, sino jugarnos poco a poco todas las cartas, dosificando la emoción y la intención. Te propongo que me enseñes a hablar de "nosotros", a soñar en plural con cada plan, a pensar en 2 en lugar de en 1.

Te invito a que aprendas el significado de las palabras más importantes y las que más vas a necesitar para apostar en esta subasta. Te doy una pista: una de ellas es el respeto. Te invito a escribir esta historia en común. Por este motivo, vendo mis monólogos por nuestros futuros diálogos, y mi butaca del comedor por un lado del sofá. A decir verdad, vendo también todos aquellos postores que te acompañan como rivales en esta habitación si pretenden comprar cualquiera de estas cosas con el bolsillo lleno. Vendo todo su dinero por un corazón sin carencias.

En realidad, ya no incluso vendo, sino que regalo. Te regalo todo aquello que ofrezco si vienes desnudo de miedos, sin bolsillos rebosantes de mentiras, sin los ojos que observan a través de los cristales de las segundas intenciones, sin auriculares que enciendan su música cada vez que escuchen algo que no quieran oír.

Para ser el mejor postor, amigo, acércate con los brazos abiertos y los pies descalzos. No te preocupes por las heridas, ni las que tienes ni las que tendrás. Antes de que empezara la subasta ya preparé en una habitación todo aquello necesario para primeros auxilios, y te aseguro que en el botiquín nos sobran las tiritas. Además, no te preocupes por las heridas, porque a base de buenas curas, incluso las peores, cicatrizan.

No te lleves parte de mi último suspiro. 
No te lo lleves porque, con él, una parte de ti se quedó conmigo. Porque allí, iba un trozo de vida. El trozo de vida que desechamos por no saber cómo reciclar. Aquel trozo de vida muerta… 
Aquella parte de nosotros.
Por eso ahora llevo tu recuerdo a cuestas, el rastro de tus besos en mi piel e, incluso, el recorrido de tus lágrimas en mis mejillas.
Y es que aquel atisbo de respiración entrecortada se quedó a medio camino entre un hasta nunca y un para siempre.Entre un destello de felicidad y una eternidad de melancolía. Por eso hoy, me imagino lo que pudo ser, lo que podría haber sido.
Como siempre, viviendo nuestro amor en un supuesto condicional.
Entre todas aquellas condiciones sin las que el tren no encontraría destino. Entre todas las condiciones que decidí limitaran mi infelicidad.
Pero mientras lloro, ven, y baila conmigo. Mírame como la primera vez y jadea de placer, por favor, sólo con tocarme. Porque puede que así, entonces, este suspiro desemboque en un para siempre.
En el que esperaba. 
En el que soñé.
En el futuro que yo misma me prometí contigo. En todos aquellos días que comenzaron a caducar antes de que llegaran.
Y yo brindaba por poder pasarlos a tu lado, rezándole a Dios, un poquito más, nuestros destinos. Sin comprender que, quizás, tú eras más principio que final. Sin entender que, probablemente, el peaje por entrelazar nuestras vidas no valía todos sus desvíos.
Y tú y yo, cariño, nos desviamos.
Nos alejamos del objetivo. Se nos olvidó cómo querernos, y empezamos a maquillar con cariño la pasión desvanecida, de normalidad nuestras rutinas y de ejemplos la excepción.
Y yo, con las mismas ganas de reír, ya no recordaba cómo esbozar una sonrisa. Y tú, con las mismas ganas de quererme, se te olvidó cómo se hacía. 
¿Cómo? 
Como cuando aún... no lo habías hecho nunca.

El amor es para valientes.


Para quienes arriesgan su vulnerabilidad.


Existen muchas maneras de querer. Casi todos somos capaces de, en mayor o menor medida, sentir amor por alguien. Sin embargo, enamorarse supone llegar al punto más alto de la cima de la montaña de este tipo de sentimiento, plantar la bandera con tu nombre, balancearte de un lado al otro mientras bailas a pata coja y te sostienes con un solo pie, perder el equilibrio por momentos y, aún así, no sentir miedo ante la posible caída. Independientemente de cuánto dure esta sensación.

Por eso, enamorarse es de valientes.

Porque te acarician estas sensaciones cuando eres capaz de deshacerte de todas tus protecciones. Porque sucede en el momento en el que te das cuenta de que la persona a la que quieres tiene en una mano el poder para hacerte daño y en la otra toda la confianza que has decidido depositar en ella.

Enamorarse es volver a hablar con la entonación de un niño, pero desde la madurez de un lenguaje adulto. Es plantearse envejecer al lado de una persona y soñar una vida en común con ella. Es elegir una opción y rechazar veinte, y aún así sentir que sales ganando. Enamorarse es, como dice la palabra, llenarse de amor a uno mismo. Es tener el espacio y la capacidad para poder sentirlo, estar preparado emocionalmente para soportarlo.

Por eso, te enamoras cuando no te avergüenzas de lo que sientes. Cuando te das cuenta, al fin y al cabo, de que no eres tan egocéntrico como creías ser y que el foco de tu vida ya no sólo te ilumina a ti. Es reconocer tu admiración por otra persona. Ser consciente de que eres fuerte cuando eres dueño de tus elecciones, pero también vulnerable ante las suyas.

Enamorarse implica dejar paso al descontrol y recibir un poco de locura. Arriesgarse a ser sincero consigo mismo y con el otro. Es una mezcla de emociones entre las que conviven la paz y el caos. Es sentirse en sintonía con el mundo y en armonía con uno mismo. Enamorarse es aquella pequeña mitad negra del símbolo del Ying Yang, donde en medio de todo el negror, se vislumbra un punto blanco. Por lo tanto, es verle el lado positivo a todas las desgracias, es encontrar toda la fuerza disponible e inventarse incluso la inexistente para que la relación funcione. Y es que este sentimiento aparece cuando te pierdes desde todos los puntos cardinales posibles y los reinventas. Cuando los rediriges y las flechas de tu brújula sólo os apuntan a vosotros dos y a todo aquello que puede haceros posible como pareja. Es confiar y volverse inteligente, es no dejar que manipulen lo que piensas, no dejar que intenten decidir por vosotros. Es ilusionarse ante la mínima posibilidad de compartir experiencias con el, es emocionarse al recordar.

Y es que, de este modo, sucede que te vuelves un experto en pensar e intuir los pensamientos, deseos y emociones del otro. Sucede que extrañas a una persona incluso teniéndola al lado, experimentando un tipo de melancolía anticipada cuando duerme contigo. Que sientes vacío incluso con la mayor sensación de plenitud, por miedo a que algún día esa sensación te falte.

Enamorarse es dolor por no estar acostumbrado a sentir tanto. Es inventarse "llorar de amor" y colocarlo a caballo entre las expresiones "llorar de felicidad" y "llorar de pena". Porque si sólo de ti dependiera, echarías abajo el ancla de tu vida y la amarrarías a la suya para siempre. Enamorarse es cubrir al otro de promesas, porque es la única manera que tienes de demostrarle en presente que piensas en un futuro junto a él.

Es volver a empezar y a aprender de nuevo. No cansarte de experimentar con tus sentidos. Enamorarse es que tus ojos se tropiecen con cada parte de su cuerpo, es la hipersensibilidad de tu piel cada vez que te toca. Es descubrir el sabor más dulce en sus labios y desear escuchar su voz en todas las tonalidades y circunstancias. Enamorarse es dormir y apoyar la cabeza en la misma almohada para que el olor de su pelo te evoque su imagen cada noche en la que te falta. Es darle un poco más de sentido a todo. Es sonreírte a ti mismo, sentirte inspirado con la vida. Es no encontrar las palabras que lo definan o, sin embargo, empezar a describirlo y que no te quepan. Es descubrir tu propio romanticismo y sorprenderte con él.

Enamorarse es construir un mundo paralelo y en común con el otro, donde compartir lo más sincero de cada uno. Es no tener la necesidad de cambiar nada de él, ser capaz de aceptarle tal y como es. Es aceptarte a ti mismo y convencerte de que te pueden querer también a ti por tal y como tú eres y que, sobre todo, te lo mereces. Es dejar que te descubran y sentirte a gusto en el proceso.

Enamorarse es quererse a si mismo, es volver a sentirse uno mismo al lado de alguien.

jueves, 25 de junio de 2015

Quiero una noche contigo. No quiero que nos acostemos. No de la manera en la que tu estas pensando. Quiero que paseemos, siquiera de la mano. Que señales con tus manos los puntos altos. Que corramos a algo que vemos a la vez. No haré preguntas, no habrá recuerdos. Al menos no mas recuerdos que los nuestros. Quiero que se levante el viento frio esa noche. No quiero tu chaqueta (como si la fueras a llevar, digo) Quiero ver el efecto que el aire hace en tu pelo. Solo por el placer de comprobar que no lo despeina mas que yo. Quiero que la primera versión de tus ojos sea una en la que mires los míos. Quiero que te gires rápido a mirar algo. Aunque sea a otra chica mas bonita. Solo por el placer de oler tu colonia barata debido al movimiento. Quiero que sea muy tarde.
No quiero que estemos solos en la ciudad. Quiero llegar a ese punto, en el que, casi por respeto a los que no tienen insomnio (o a los que no escriben), se empiezan a susurrar. Y que  susurres el mayor grito al amor. Quiero ver las luces de las pantallas en tu cara. No quiero reírme de ello. Quiero comprobar que tu sigues siendo la mayor luz. Quiero ver una estación sintiendo tu presencia al lado. Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal, como dice Sabina, ya.
¿Por donde te volveré a encontrar?
Puede que en otra noche, 
puede que ninguna, 
puede que hable de Madrid, 
o puede que hable de ti.

miércoles, 24 de junio de 2015

Como el lunatico enamorado juega a ser poeta con cada uno de los gestos de la que le rechaza. Como quien mira cuanto queda de la mancha y no cuanto se fue con la servilleta. Como quien deja la misma cancion en "reproducciendo" dia tras dia para luego decir que quiere romper con la rutina. Como el pintor que olvida los colores claros. Como quien espera mientras su corazon marchita.

¿Y si ya no sabemos ser felices? Ahora nos perdemos esperando, nos perdemos de madrugada en ideas oscuras, nos perdemos en sonrisas qe acaban siendo creibles, en gestos que ni te parecen especiales pero hay que hacer por no preocupar o desentonar.


"Tiempo es exactamente lo que tenemos" - Dicho popular. Pocos años, los vestidos abundan, el pelo es corto y los chicos son como una amiga mas, ni me fijo. Crezco un poco, los vestidos son pantalones, el pelo en enanas coletas y los chicos son de otro planeta. Pasan escasos años, ropa colorida, el pelo crece y la gente grita el nombre de un chico seguido del de una chica solo para reir. Mi edad aumenta, la ropa no me importa, he decidido otros gustos, el pelo es largo y se cuida, presto atencion al tipico guaperas que llama la atencion primero. La ropa vuelve a importar, el pelo y los pequeños detalles aun mas, un chico me dice que si y empiezo una nueva aventura . La vida sigue, mucho sobre aspecto y mas aun sobre complejos. Estoy sola desde hace tiempo y ninguna se acerca a alguien tan poco popular, mas años, mi fisico es un asco, traiciono la mayoria de ideas que tenia, la vida son problemas.
El chico al que sigo este verano habla con su amigo mientras niega con la cabeza... y mira en mi direccion.
No se para que sirven. Motivos tontos para intentar demostrar tu exito. Regalos, no los quiero. Si te importo dame esa razon para elegir otro momento. Palabras bonitas, prefiero recuerdos. Si de verdad piensas de mi lo que me dices, concedeme el honor de conocer tu pasado, y asi comprender tu presente. Pero no me pongas escusas. Dime las cosas como las piensas, como las sientes. 

Señalamos fechas para justificar acciones, pero las acciones se justifican con sentimietos y pensamientos. Perdemos sinceridad al hablar de los sentimientos. Pero asi vivimos, entre escusas y disculpas, entre odio y envidia, entre cariño y amor, entre cada rincon de mentes no correspondidas. Somos sueños colectivos que el tiempo no cambia
Cada persona tiene ese algo
que activa su sexto sentido.
A veces es el color amarillo,
otras. La musica a piano

Ese sexto sentido activado
puede provocar medio y frio, 
puede hacernos sentir vivos,
o puede cometer asesinatos

Mi sexto sentido es despertado 
cuando veo unos ojos vivos
o si quiero besar a ese chico
con el que nunca he hablado.

Pero son sensaciones de agrado
y aunque suene atractivo
pocos tienen un sexto sentido
con lo bonito relacionado.

Mi sexto sentido es activado
cuando te escapas del olvido
me recuerdas tu vacio
y te quiero de nuevo a mi lado

Tu colonia no he olvidado
tu colonia esta en muchos sitios
tan solo respiro y dice el sentido
que de mi aun no te has marchado.

martes, 2 de junio de 2015

Crónicas de una fumadora #3

No lo necesito. No lo necesito. Lo necesito. Necesito fumar. Sentir que mis penas huyen con el olor del humo. Suena ridículo decirlo, pero no puedo vivir sin el tabaco. El cigarro es una prolongación de mi cuerpo a estás alturas. Seguramente no pueda dejarlo ahora, aunque no hubiese nada que prefiriese en el mundo. Pero tampoco quiero dejarlo. 
No me digas que puedo ser feliz de otra manera o ahogar mis penas en helado en vez de en tabaco. Eso solo son cuentos para mí, cuentos que prometen cosas que no se pueden cumplir. Así que juega a ser escritor, que no me leeré tus historias. Las quemaré con mi mechero hasta reducirlas a cenizas, cenizas que no puedan contar más mentiras. La única manera de ser feliz es enviando las lágrimas al infierno, y yo he encontrado la manera. Infalible y cierta.
Lo necesito. Es mi droga, como tú tienes tus libros. Conseguimos aferrar un sueño imposible, yo envuelta en humo y tú en tinta. Y no me digas que no es lo mismo, porque ya no me creo nada de lo que digas. Aunque mi jersey favorito sea el que me regalaste y mirar las nubes me recuerda a ti, te he sustituido. Y viceversa. Nos refugiamos en nuestra adicción, nos refugiamos del exterior. O tal vez sea una excusa para no hacerte caso, para olvidarte de una vez. 
Te repetiré que puedes ser feliz de otra manera hasta que te canses, porque yo ya me he cansado de la de veces que me lo has dicho. Para ti solo soy una fumadora obsesiva, que no sé hacer nada más. Pero recuerdo que antes sabía besar, y parece ser que muy bien, ya que me lo recordabas siempre. Así que déjame continuar mi camino, yo haré lo mismo. Tal vez nuestras vidas acaben de forma diferente o igual, pero no serán vidas unidas. Recuerdame como te guste, como la chica que sabía besar o la adicta al humo. Yo lo haré como el que me cambio la vida. Para mal.

Esperando a que llegue esa princesa,pero y ¿si no llega?
 Querido príncipe que te escondes en lágrimas
bajo la luz de la luna esperando a que llegue esa princesa,
pero y ¿si no llega?
Y si tan solo es una simple muchacha de cabellos morenos y despeinados.

Te gustará porque las princesas son muñecas sin sentimiento,
las muchachas son chicas llenas de amor y con una gran dulzura interior.
Que te dicen te quiero y te inundan en pensamientos.
Que se derriten con tus miradas fijas en sus ojos.

Que te sacan una sonrisa cuando disimuladamente te rozan
y se les iluminan las pupilas que llenas de amor están.
Bajo el sauce envueltos en cariños y en besos te paras a pensar
Todo ha cambiado.

Ninguna princesa puede llegar a convertirte en un enamorado sin remedio
que por muchos perfumes, vestidos y coronas no son más que chicas disfrazadas enteras.
Que te iluminan y te rechazan, que te emboban y te mienten, que te agradecen todo con un falso
Muchachas y princesas que ambas te quieren de distintas formas.
sentimiento.

Muchachas y princesas que ambas te quieren de distintas formas
que te confunden con cada abrazo
que te envuelven en lazos de distintos colores.
Que son perfectas a su manera.

Amor de príncipes confundidos
que se equivocan y de vez en cuando necesitan
una ayuda para resolver las dudas
de cada sentimiento.

love is in the air.

Tumblr_m1lstuhyny1rn63bko1_500_large

Por tus ojos, por tu sonrisa, por tu mirada te pido mi más sinceras disculpas,
 porque sin saberlo arruiné el amor de madrugada,
cuando los pájaros cantaban enloquecidos por mis súplicas.

Por ser quién eres, te dejo un minuto, una hora o toda mi vida para aceptar que te quiero,
que volví a enamorarme de nuevo
porque eres mi sonrisa ayer y ahora.


Tumblr_mi0m2jvpcj1rlnpfjo1_500_largeAñoro esos días,
cuando nada importaba
y junto a ti
los días pasaban.

Tan solo soy la misma chica de ojos castaños
enamorada del dueño de mis sueños,
que es mi pasado y tal vez el presente,
 que agárrame fuerte y no me dejes caer.