viernes, 29 de enero de 2016

Aquí estoy sentada, en nuestro bar, esperando que entres por la puerta y ocupes el sitio vacío, que aunque tú tengas cosas mejores que hacer, yo no. Los cuadros que decoran el lugar, aquellos que tantas veces miramos juntos,
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 me miran como interrogándome, como preguntándome a gritos dónde está
 esa sonrisa que me acompañaba cuando tú también lo hacías. O tal vez sus rostros pregunten por ti, igual que mi corazón, igual que cada canción que suena en mis discos, igual que el inocente camarero que ha seguido inconscientemente con su costumbre de poner dos pajitas en la bebida. Una de las que se doblan, para mí, que siempre fui una niña y una de las normales para ti, el mayor de los dos. Y esa pajita también me mira, expectante, quiere tus labios al igual que yo los quiero sobre los míos, en mi mejilla,
 en el pelo. Todo pregunta por ti sin hablar, y yo no sé responder, ni mirar, ni caminar desde que no estás. Solo sé escribir, y sin éxito, pues no nos engañemos, un bolígrafo puede hacer muchas cosas buenas, pero qué me va a recordar más a ti que la tinta negra escribiendo, con letra pequeña, ese gesto que tenías al retirarte el pelo negro de la cara o la primera vez que tiraste de mi brazo para llevarme junto a ti. O tal vez por lo que pregunten todas estas cosas y personas, aquello por lo que pregunta mi vida a día de hoy, sea por mi coherencia. ¿Quién dejaría ganar a un corazón enamorado sin darse cuenta de que es como pedir a un psicópata que dispare? Y por mucho que me termine la bebida de un sorbo y tire tu pajita lejos, sé que  esa persona que sigue dejando ganar a su corazón, soy yo.

miércoles, 27 de enero de 2016

Una frase lo cambió todo. 
Una frase sin sentido, que iniciaría una historia sin sentido.

Fue el nuestro, un amor truncado.
Te amé, pero jamás dejé que me amases.
(Llámenme idiota si quieren)

El idilio, la felicidad que sentía cuando tu sonrisa aparecía por fin tras la puerta.
Ni tú ni yo nos decidimos a dar el paso final hacia nuestra historia.

Tu voz, recordándome siempre que me querías.
Tu mirada en busca de mi rostro.
Tu cabeza, buscando escusas para pasar más tiempo juntos.

Ni tú ni yo fuimos dichosos. 


Un año después, me desperté pensando en ti.
Sonreí por todo lo vivido.
Sabía que no te volvería a ver jamás.

Tu voz resonó en el eco de mi conciencia.
Ya no era una fantasía, eras material.
Eras tú, el de siempre: tímido, recatado y dulce.

Me diste los mejores años de mi vida.
Me diste las noches más largas.
Me diste las tardes más divertidas.
Me diste las sonrisas más verdaderas.
Me regalaste tu sabiduría.
Me presentaste a mi ídolo por aquel entonces.
Me ayudaste a avanzar.
Me ayudaste a ser quién soy...

Me lanzaste cuchillos.
Me levanté.
Te dije bien alto que NO.

Fue aquel, un amor IMPOSIBLE
Somos amantes nocturnos, amantes en nuestros sueños...
somos dos almas condenadas a la soledad, por miedo.

Apaga la luz y deja que las horas corran,
como nuestros cuerpos sofocados,
danzando bajo la luz de la Luna.

El relente moja nuestras ropas. Pero ya no las necesitamos.

Cómeme, bébeme.

Nos ciega el sol de la mañana: "¿quieres quedarte a mi lado?".
Silenciosos, nuestra respiración se hace una.
Lloramos, nos damos cuenta de que nuestro único final feliz 
ha sido el culmen de nuestro libido desenfrenado.

El despertador emite su agudo llanto,
nos despertamos sofocados, cada uno en su cama.

Nuestro lugar sólo está en sueños.
La realidad no nos dio la oportunidad de tener nuestro final (feliz o no).
Un final para despedirnos, desnudos, hasta que la juventud muera.

El viento se lleva con él nuestra memoria cuándo el sol asoma por el horizonte infinito.
Infinito, como nuestro amor carnal.

Sólo me queda esperar a que se haga de noche de nuevo.
Querido calor vital:

Por una vez he de olvidarte y he de plasmar mis propios sentimientos bajo el calor de un viejo flexo, junto a la tibia luz de una vela y rodeada de hostilidad.
Miro a los lados, asustada, por las sombras inexistentes. Busco una mirada que me atormenta y no existe. Sé que tras estos muros hablan de mi... Todos están en contra.
Tengo una maraña de cables por cabeza: no sé que quiero ni qué estoy haciendo. Me cuesta mirar al futuro, pero porque no hay futuro para mi. Me sofoco al pensar en la muerte, pero día a día camino a su lado (y si no la encuentro, la busco para darle la mano).
A veces siento como si algo o alguien agarrara mi garganta y apretase fuerte. En ocasiones veo, sin estar dormida, a la gente que quiero muriendo.
Tengo una mierda por corazón, y es que no es fácil explicar como cuando algo me parece bello y lo aparto de mi lado, sólo por miedo. Tengo miedo a ser feliz y odio a la humanidad.
Escribo estas líneas con los ojos empapados en lágrimas, dudando si seré capaz de escribir una sola línea más.
Pienso en las caras de horror de los que descubrirían mi cuerpo inerte. Pero ya nada hay para luchar, pues todo lo que he emprendido se ha hundido.
He perdido.
Siempre.
Así es mi día a día.
sé que existes porque te he inventado, y
no lo niego, es un riesgo que asumo:
.
vivo esta vida entre tus manos porque tengo
una certeza muy confusa: puedes llegar a suceder.
.
y a veces no hay riesgo ni fuga, y no hay disparos,
y sin embargo dejamos heridos
detrás de palabras como olvido, perdón o amor.

debe ser la forma exacta de tu risa.
puede ser el acorde en el que tú me miras.

cuando vuelvo sólo a casa y de noche,
ni temo al frío ni temo a esas ganas enormes
de abrazarte: sólo porque sé que no podré hacerlo.

otras noches -muchas- siento tremendo miedo a vivirte.
.
como si en el reverso de tus ojos ya no existiera retina
busco encontrar mi pasado y no verte,
busco pensar un futuro y que nunca más me encuentres.
.
odio el miedo de que nunca llegues.
.
y piso el nombre que busco con unos pies ya cansados
de cruzarse el uno con el otro, toda una vida,
sin dejar más huella que tu sonrisa.
.
tu sonrisa que no es poco, y que puede que
cuando ya no tenga nada, simplemente,
sea todo aquello que desee de ti en mi.
.
porque a mi los lunes y las despedidas
siempre se me dieron muy mal,
y últimamente no hag0 más que irme.
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no soy el verbo ni la palabra, no soy la luz, no el escondite, no reconozco como ciertos algunos de tus dedos. veo pájaros saltando hacia el abismo y les envidio. soy la pluma. soy el aire. cuando estás desnuda soy la noche. cuando estás ausente soy el ansia. escribo porque no quiero olvidarlo, perdono porque no quiero olvidarlo. soy la pared y soy la grieta. no soy la vela y no la tierra. no lucho por aquéllo en lo que no creo, y no creo en nadie , aunque a veces lo lamento.
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creo sin embargo en los ángeles y en la vida. en los sueños y en todo aquéllo que me asusta, como el fuego, como la nieve que cae desde el cielo y todo lo congela. no soy nada que puedas recordar. aún no he existido. soy el mar contra las rocas. no soy la roca contra el frío. te he querido, lo juro, te he querido. conozco a un sabio que dijo "las tortugas también vuelan". y era verdad. y no porque lo dijo, sino porque lo vi. lo que vemos puede llegar a ser tan cierto. rezo por un año que termine sin invierno.
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tú quisieras ser cerilla. si pudieras ser cerilla yo ardería. a veces pienso demasiado en el tiempo, y en las circunstancias y el problema es que me quedo pensando. si pudiera no pensarlo, tal vez podría cambiarlo. no quiero pensar solo en cambiarlo. cuántas veces tu regazo.
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no siento que la libertad ande muy lejos, sino que anda muy deprisa. me hago mayor pero no siento que envejezca. no soy vino, ni desierto ni aeropuerto. y sé como termina todo esto. lo he dicho muchas veces, lo he pensado muchas veces. al final todos nos vamos con lo puesto. tú por fuera y yo por dentro. si te juro que lo intento, no me crees, si te juro que lo intento.
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no soy la distancia y no el recuerdo. no la tristeza, no el lamento. tengo ganas de estar de pie y mirarte desde lejos.
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quiero ser tantas cosas desde ahora: tanta luz, tanta farola. tanta calle y tanto beso. seré cielo y seré abrazo. seré camino. y alfabeto. inventaré el dodecaedro del que un día te hablé. sabré querer del pasado lo que nunca te diré. seré lo viejo y lo nuevo. querré tu pelo negro como un día lo juré, pero ya no será tuyo ni contigo.
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seré tanta vida que tal vez no tenga tiempo de contarte que estoy bien. pero si hay algo cierto es que soy lo que no es.
Sé que el frío llegará antes que mis razones y que no habrá excusas. 
 .
Cada vez que te despides dejas atrás no solo tus huellas sino también mis ganas.Yo no puedo con todo, de hecho yo nunca pude con todo. Me gusta verte por las mañanas y pensar "estás precioso" y saber que en la incertidumbre vive el riesgo, y en el riesgo todo aquello que podemos llegar a merecer. 
 .
La vida no tiene una hoja de ruta ni nuestros nombres un itinerario que cumplir. Puede ser perfectamente que nunca llegue a pasar nada, pero también puede que sucedamos. Podemos crearlo todo. Levantarnos por la mañana y decir "vamos a crear momentos especiales"
 .
Tiene una carga emotiva muy fuerte cuando sabes que alrededor hay gente que te importa, y con suerte, gente que te quiere. Y que nada es para siempre, ni siquiera lo que te digo ni lo que te escribo. Mucha gente cree que lo entiende, pero no lo entiende, sólo lo cree.
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Tengo la cabeza siempre a punto de estallar de palabras pero muchas veces prefiero no decir nada, porque como he reconocido muchas veces, me cuesta decir las cosas. Y si las escribo me ahorro el trance de decir(te)las y sé que lo entiendes pero no es lo mismo. 
 .
Debería tener esas palabras bailando en la boca y entonces cuando pases por delante sacarlo todo y vaciarme de ellas, quedarme sin aire, sin palabras y sin vida...pero ya me ves, siempre la cabeza a punto de estallar.
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¿Y cuando llegue el día en que ya te lo haya escrito todo, qué? 
Tal vez entonces, por fin, empezaremos a hablar de lo nuestro.
¿qué queda detrás de un silencio?
¿el recuerdo de lo que fuimos, o el de lo que quisimos ser?
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no fui capaz de decir lo que sentía porque no quería que fuera más difícil para ti o para mi o para los dos. porque en verdad desde que nos conocimos todo fue siempre una despedida, primero a otros países, luego a otros lugares y al final a otras personas.
-
¿y cómo explicarlo?
-
yo te vi y te quise. te quise mía. me quise contigo. encontré algo que siempre había buscado, y proyecté en ti muchas palabras que en mi cabeza aún buscaban un destino. y lo hice porqué lo sentía. vinieron miradas, roces, vergüenza, huídas y escondites. vinieron noches y más noches. un día llegó un beso. y luego algunos más. llegaron tus ojos que me dieron vida, aire, aliento, y calor contra todo mi frío. rozar tu pelo: para qué sirven las manos si no para eso, ¿no? sentirte cerca, diminuta, cautiva, capaz de hacerme daño o de curarme. y dormir abrazados. ojalá haber disfrutado más ese momento, el acto insignificante de tu cuerpo contra el mío. el no pegar ojo por la duda de que al despertar ya no estuvieras. como un sueño. y luego el irte, el saber que te largabas. por un tiempo. construir sobre una duda todo un cielo. qué bonito. qué triste. cuánto exceso. un amor como un secreto.
-
(y te fuiste)
-
y yo esperé como el que espera una tormenta, como el que sabe que se va a calar los huesos. pero quería mojarme. tanto. aprendí palabras para ti, me procuré un alfabeto en el que cupiera todo lo que iba a confesarte. me salté todos los tiempos. te seguí queriendo. detesté los mapas, los mares, la distancia. tuve miedo de las bombas y de no saber si algún día podría protegerte de lo que te atemorizara, o ayudarte a conseguir lo que fuera que necesitaras. y me llegaron palabras tuyas, pocas, que fueron puerto y esperanza. que fueron mar cuando yo ancla.
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(y volviste)
-
y fui feliz de tu regreso, y volví a sentir la verguenza aquella de no conocernos en verdad, de saber que quizás solo era mi deseo. y recordé todo lo de antes. no hablo de ceniza ni de fuego. hablo de saber que te encontré. y quise cuidarte y que estuvieras bien, me empeñé en ello, te lo juro. puse mi energía en entenderte, y traté de ser sincera. y poco a poco me fui desprotegiendo pero nunca pude quitarte la armadura. una armadura que entonces no comprendí y ahora comprendo. ojalá muchas cosas, pero sobretodo ojalá que seas feliz. que yo quería conmigo y ahora no sé cómo pero lo sigo queriendo, incluso sin mi. y tengo una tristeza que me quema por dentro.
-
(te vas)
-
pero es una tristeza que es egoísmo. porque lo intenté, pero no pude ser tu amiga, no lo quise. y no lo quiero. porque sentir amistad para el que ama es una derrota todo el tiempo. porque en muchos silencios hay más paz que en aquéllo que decimos por decir. porque si yo te sé al pasar y no me giro para verte es porque me he roto el cuello. porque si te tengo enfrente y no te hablo es porque no sé como hablarte de este miedo. y porque desde que sé que estás yendo yo no sé como me siento. siento pena. me estremezco.
-
y no sé cómo gestiono una despedida que a poco que sea como imagino me va a dejar hecho pedazos, roto, seco. porque si ahora somos poco, a la fuerza tendremos que ser menos. porque donde ahora hay cuatro palabras, imagino que tendrá que haber cuatro silencios.
-
y sobretodo porque no estando enamorado -o sí- aún no imaginas lo mucho que te quiero.
Ahora,
por mucho que lo intente,
no consigo escribir en prosa.
No soy poeta,
tal vez,
si cuenta,
un intento de soñadora
con sentido de la realidad.

No me sale dejar que la frase
ocupe todo el renglón.
Creo que toda línea
necesita un espacio
para reflexionar cada palabra,
cada sílaba.

Necesita un espacio
para dejarse respirar,
que esta estrofa lleva mucho tiempo unida
y se está empezando a agobiar.

Que estas rimas
están dejando de ser bonitas
porque están cansadas del poema,
que ya lo han recitado muchas veces.

Que necesitan un paréntesis
entre verso y verso,
porque no se llevan bien,
y tristeza lleva un vestido más bonito Que el poeta está agotado de peleas

y se estrella, 
y está pensando dejar de escribir romances 
y empezar a escribir novelas, 
aunque 
por mucho que lo intente 
no consiga escribir en prosa.
que felicidad.

Que el título no hace justicia al contenido
y el contenido está emigrando
a un lugar
donde se le aprecie.

lunes, 25 de enero de 2016

-¿Cuando no queda nada que se puede hacer?.
-Volver a comenzar.  Pero no de la misma manera, no otra vez igual. Porque ya sabes que no será igual.  Con todo despedazado.  Talves puedas hacer otra cosa, diferente, si es que quieres hacer algo.
-Pero sabes que no tengo ganas, ni fuerzas. Para mí todo ha acabado, solo queda un desierto hostil, donde antes había flores… y la amargura que crece con rabia…
-Me preocupa tu estado.
-No quiero forzar un comienzo. Siento que es artificial. Como poner una bomba de aire a un moribundo. No quiero. Prefiero seguir por donde voy y arrastrarme en mi tierra y darme cuenta que no hay nada. Es más quisiera solamente arrancarme cualquier raíz que por dentro quiera revivir… tengo miedo…
– Siempre da miedo amar.
-Pero parece que tú no comprendes nada.
-Te comprendo, mucho más allá de lo que crees. Te comprendo porque estuve en tu lugar.  Ame, y ame hasta cuando no querían ni saber de mi.  Y dolió.  Dolió hasta la muerte.  ¿Y no es eso el amor, un sacrificio que solo es tal si llevas tu cara bien limpia y lavada, y tu ser perfumado, tanto, que nadie nota ese dolor que por dentro apaga cualquier rebeldía… Nadie que no haya amado entiende esto.
-Pero yo no tengo la fuerza que tienes tu. Soy  tan débil… estoy tan destruido… y soy tan pequeño… soy como un niño golpeado, despreciado en lo más hondo de su ser por quien debió protegerlo…
-Querido… que podría yo decirte que te calme?.  Solo deja que te abrace, no apartes mis brazos, espera conmigo a que el sol amanezca.  Por favor no te vayas, espera, me quedaré aquí contigo, no estás solo,  espera.  No arranques de tu ser lo hermoso que queda… no lo hagas por favor… Sé que tu no crees en Dios, pero Él fue quien me dio las fuerzas cuando pase por ese desierto amargo que ahora cruzas tu. Cuando quise acabar con todo, porque era más fácil terminar que soportar… Él  me sostuvo. Él  me mostró quién era Él, quien es Él, el único que puede “abrir caminos en el desierto y ríos en la soledad”. 
-Quisiera tener eso que tienes tu.
-Lo tendrás.  Lo sé. El amor, el camino correcto, es un camino que puede ser muy doloroso y difícil, pero si no renuncias a mantener esa chispa que enciende otra vez tu corazón, vivirás.  Suena paradójico, pero ese pequeño retoño que se niega a morir y al que le tienes miedo porque crees que te hará sufrir de nuevo, es la vida de tu corazón, al final lo único que importa es que puedas sentir y ser sensible a la voz que te habla desde adentro, no lo dejes morir…, aunque te digo, si muere, no llorarás, pero tampoco reirás, ni siquiera te darás cuenta de nada. Y no es eso como estar muerto?. Pero estar vivo y amar de verdad quizá sea puro llorar por dentro y por momentos ver la luz… o talves como dice la canción “el amor es un frío y roto Halleluyah”. Pero no te cierres… espera. Deja que te abrace hasta que amanezca… 
Las recetas, una vez concluí que no me gustaban, ¿porque? pues creo que vivimos así como siendo constantemente adaptados a normas, comportamientos que si bien son ideales, pueden en determinados momentos, muy puntuales, cegar el raciocinio, o los instintos incluso más básicos, como la supervivencia, o aquellos más hermosos como la compasión.
Las recetas son buenas para la cotidianidad, para no tener que decidir qué hacer a cada instante e ir por el camino más rápido y eficientemente, pero como todo no son buenas en exceso, qué pasa entonces cuando no funcionan, cuando las cosas empiezan a fallar o más dramáticamente ante un evento inesperado, ¿cómo actuar?¿qué buscar? ¿qué considerar?, si se tienen que romper algunas reglas, puedes hacerlo? tienes valor? si algunas cosas están muy afincadas será muy difícil… lo ideal sería que lo irrelevante este sujeto a cambios… pero la vida es un cambio constante, olas que vienen y van, un mar que se abre constantemente ante la proa que es la vida que avanza sin parar… y que debe avanzar, al menos para algunos es así, y así es emocionante y vale la pena cuando se puede arriesgar, ¿qué arriesgar, he allí el dilema…
Estar apegado demasiado puede hacer daño, a conceptos, a ideas… incluso las ideas acerca de nosotros mismos, de los demás, del mundo como tal, hasta de la forma de hacer las cosas.
A mí me gusta estar dispuesta a cambiar, a correr, a seguir, a moverme de mi sitio, a un poco de incomodidad si es necesario.
Si uno se pone a ver hasta para amar hay que estar dispuesto a un poco de incomodidad, no demasiada, talves, pero así es. De hecho cuando se ama de verdad se está dispuesto a “beber veneno por licor suave” y hasta “creer que un cielo en un infierno cabe” como decía Lope de Vega en su famoso soneto. Y es el amor verdadero el que está dispuesto a romper todos los esquemas, como aquel samaritano que se detuvo a ayudar al hombre herido, en este caso hizo algo no esperado de él.
Quizá la mayor mentira que hemos aceptado y consumido es el hecho de juzgar, cuán errónea ha sido tantas veces esa tarea… Juzgamos a cada instante según nuestros parámetros de la vida. Pero si lo analizamos bien el mismo Jesús juzgo al ciego, no físico, sino al que no podía ver con el corazón… y ya decía Buda: “No creas nada aunque lo haya dicho yo mismo, si no coincide con tus propias convicciones”.
Abrir la mente! Parece que se cierra con los años… Pero si se está dispuesto, pueda que nuestro cuerpo envejezca pero nosotros podemos renacer de tiempo en tiempo como las plantas cuando son podadas, aceptar las podas que eventualmente la vida nos da… y aprender a mirar, desear abrir los ojos a todos por igual… y mirar desde otros ángulos, diferentes…

Hoy me apetece subastar lo que siento. Y no para deshacerme de ello, sino para venderlo al mejor postor. Hoy decido que lo viejo, todo lo que he sentido hasta ahora, lo reúno en esta habitación. Todo aquello que he vivido, todo aquello que he pensado, todo aquello que he sentido no es más que lo que soy. Por lo tanto, reciclemos lo viejo, que no por antiguo inútil, y transformémoslo juntos en un nuevo proyecto de vida.

Para ser el mejor postor, te invito a que comiences a conocer el motivo de esta subasta. Por ello, hoy pongo a tu disposición unos cuantos artículos en venta, que no por extraños, son menos interesantes. Aun así, existen algunas condiciones, te explico;

Vendo todas las lágrimas que he llorado por todas las sonrisas que me puedas provocar. Así, serás también capaz de entender el punto de inflexión existente entre el momento en el que escuches el sonido de un lamento o, en cambio, el de una carcajada. Vendo los insultos que he escuchado por palabras que me enciendan el alma. Vendo todo lo que he callado por espacios comunes de reflexión contigo. Vendo las promesas por hechos, por intentos, por esfuerzos. Vendo los celos por confianza, y la frustración por esperanza. Te vendo todo el aburrimiento sentido por toda la curiosidad que puedas transmitirme, y todo el desconocimiento por todo aquello que puedas enseñarme. Vendo mis pesadillas por nuevos sueños, y cualquier "no te arriesgues" por un solo "inténtalo". Vendo todo el pesimismo de mi alrededor por tus futuras dosis de realidad dulcificada y, sobre todo, vendo todo el conformismo por muchas dosis de iniciativa.

Es más, especificaré y te diré que ya no tan solo vendo, sino que también cambio. Te propongo cambiar todas las monedas de 1€ por 100 céntimos por cada una, sorprendernos juntos por el valor de las pequeñas cosas e ilusionarnos al descubrir cuán grandes e importantes pueden volverse. Te propongo no usar la baraja entera con cada juego, sino jugarnos poco a poco todas las cartas, dosificando la emoción y la intención. Te propongo que me enseñes a hablar de "nosotros", a soñar en plural con cada plan, a pensar en 2 en lugar de en 1.

Te invito a que aprendas el significado de las palabras más importantes y las que más vas a necesitar para apostar en esta subasta. Te doy una pista: una de ellas es el respeto. Te invito a escribir esta historia en común. Por este motivo, vendo mis monólogos por nuestros futuros diálogos, y mi butaca del comedor por un lado del sofá. A decir verdad, vendo también todos aquellos postores que te acompañan como rivales en esta habitación si pretenden comprar cualquiera de estas cosas con el bolsillo lleno. Vendo todo su dinero por un corazón sin carencias.

En realidad, ya no incluso vendo, sino que regalo. Te regalo todo aquello que ofrezco si vienes desnudo de miedos, sin bolsillos rebosantes de mentiras, sin los ojos que observan a través de los cristales de las segundas intenciones, sin auriculares que enciendan su música cada vez que escuchen algo que no quieran oír.

Para ser el mejor postor, amigo, acércate con los brazos abiertos y los pies descalzos. No te preocupes por las heridas, ni las que tienes ni las que tendrás. Antes de que empezara la subasta ya preparé en una habitación todo aquello necesario para primeros auxilios, y te aseguro que en el botiquín nos sobran las tiritas. Además, no te preocupes por las heridas, porque a base de buenas curas, incluso las peores, cicatrizan.

No te lleves parte de mi último suspiro. 
No te lo lleves porque, con él, una parte de ti se quedó conmigo. Porque allí, iba un trozo de vida. El trozo de vida que desechamos por no saber cómo reciclar. Aquel trozo de vida muerta… 
Aquella parte de nosotros.
Por eso ahora llevo tu recuerdo a cuestas, el rastro de tus besos en mi piel e, incluso, el recorrido de tus lágrimas en mis mejillas.
Y es que aquel atisbo de respiración entrecortada se quedó a medio camino entre un hasta nunca y un para siempre.Entre un destello de felicidad y una eternidad de melancolía. Por eso hoy, me imagino lo que pudo ser, lo que podría haber sido.
Como siempre, viviendo nuestro amor en un supuesto condicional.
Entre todas aquellas condiciones sin las que el tren no encontraría destino. Entre todas las condiciones que decidí limitaran mi infelicidad.
Pero mientras lloro, ven, y baila conmigo. Mírame como la primera vez y jadea de placer, por favor, sólo con tocarme. Porque puede que así, entonces, este suspiro desemboque en un para siempre.
En el que esperaba. 
En el que soñé.
En el futuro que yo misma me prometí contigo. En todos aquellos días que comenzaron a caducar antes de que llegaran.
Y yo brindaba por poder pasarlos a tu lado, rezándole a Dios, un poquito más, nuestros destinos. Sin comprender que, quizás, tú eras más principio que final. Sin entender que, probablemente, el peaje por entrelazar nuestras vidas no valía todos sus desvíos.
Y tú y yo, cariño, nos desviamos.
Nos alejamos del objetivo. Se nos olvidó cómo querernos, y empezamos a maquillar con cariño la pasión desvanecida, de normalidad nuestras rutinas y de ejemplos la excepción.
Y yo, con las mismas ganas de reír, ya no recordaba cómo esbozar una sonrisa. Y tú, con las mismas ganas de quererme, se te olvidó cómo se hacía. 
¿Cómo? 
Como cuando aún... no lo habías hecho nunca.

El amor es para valientes.


Para quienes arriesgan su vulnerabilidad.


Existen muchas maneras de querer. Casi todos somos capaces de, en mayor o menor medida, sentir amor por alguien. Sin embargo, enamorarse supone llegar al punto más alto de la cima de la montaña de este tipo de sentimiento, plantar la bandera con tu nombre, balancearte de un lado al otro mientras bailas a pata coja y te sostienes con un solo pie, perder el equilibrio por momentos y, aún así, no sentir miedo ante la posible caída. Independientemente de cuánto dure esta sensación.

Por eso, enamorarse es de valientes.

Porque te acarician estas sensaciones cuando eres capaz de deshacerte de todas tus protecciones. Porque sucede en el momento en el que te das cuenta de que la persona a la que quieres tiene en una mano el poder para hacerte daño y en la otra toda la confianza que has decidido depositar en ella.

Enamorarse es volver a hablar con la entonación de un niño, pero desde la madurez de un lenguaje adulto. Es plantearse envejecer al lado de una persona y soñar una vida en común con ella. Es elegir una opción y rechazar veinte, y aún así sentir que sales ganando. Enamorarse es, como dice la palabra, llenarse de amor a uno mismo. Es tener el espacio y la capacidad para poder sentirlo, estar preparado emocionalmente para soportarlo.

Por eso, te enamoras cuando no te avergüenzas de lo que sientes. Cuando te das cuenta, al fin y al cabo, de que no eres tan egocéntrico como creías ser y que el foco de tu vida ya no sólo te ilumina a ti. Es reconocer tu admiración por otra persona. Ser consciente de que eres fuerte cuando eres dueño de tus elecciones, pero también vulnerable ante las suyas.

Enamorarse implica dejar paso al descontrol y recibir un poco de locura. Arriesgarse a ser sincero consigo mismo y con el otro. Es una mezcla de emociones entre las que conviven la paz y el caos. Es sentirse en sintonía con el mundo y en armonía con uno mismo. Enamorarse es aquella pequeña mitad negra del símbolo del Ying Yang, donde en medio de todo el negror, se vislumbra un punto blanco. Por lo tanto, es verle el lado positivo a todas las desgracias, es encontrar toda la fuerza disponible e inventarse incluso la inexistente para que la relación funcione. Y es que este sentimiento aparece cuando te pierdes desde todos los puntos cardinales posibles y los reinventas. Cuando los rediriges y las flechas de tu brújula sólo os apuntan a vosotros dos y a todo aquello que puede haceros posible como pareja. Es confiar y volverse inteligente, es no dejar que manipulen lo que piensas, no dejar que intenten decidir por vosotros. Es ilusionarse ante la mínima posibilidad de compartir experiencias con el, es emocionarse al recordar.

Y es que, de este modo, sucede que te vuelves un experto en pensar e intuir los pensamientos, deseos y emociones del otro. Sucede que extrañas a una persona incluso teniéndola al lado, experimentando un tipo de melancolía anticipada cuando duerme contigo. Que sientes vacío incluso con la mayor sensación de plenitud, por miedo a que algún día esa sensación te falte.

Enamorarse es dolor por no estar acostumbrado a sentir tanto. Es inventarse "llorar de amor" y colocarlo a caballo entre las expresiones "llorar de felicidad" y "llorar de pena". Porque si sólo de ti dependiera, echarías abajo el ancla de tu vida y la amarrarías a la suya para siempre. Enamorarse es cubrir al otro de promesas, porque es la única manera que tienes de demostrarle en presente que piensas en un futuro junto a él.

Es volver a empezar y a aprender de nuevo. No cansarte de experimentar con tus sentidos. Enamorarse es que tus ojos se tropiecen con cada parte de su cuerpo, es la hipersensibilidad de tu piel cada vez que te toca. Es descubrir el sabor más dulce en sus labios y desear escuchar su voz en todas las tonalidades y circunstancias. Enamorarse es dormir y apoyar la cabeza en la misma almohada para que el olor de su pelo te evoque su imagen cada noche en la que te falta. Es darle un poco más de sentido a todo. Es sonreírte a ti mismo, sentirte inspirado con la vida. Es no encontrar las palabras que lo definan o, sin embargo, empezar a describirlo y que no te quepan. Es descubrir tu propio romanticismo y sorprenderte con él.

Enamorarse es construir un mundo paralelo y en común con el otro, donde compartir lo más sincero de cada uno. Es no tener la necesidad de cambiar nada de él, ser capaz de aceptarle tal y como es. Es aceptarte a ti mismo y convencerte de que te pueden querer también a ti por tal y como tú eres y que, sobre todo, te lo mereces. Es dejar que te descubran y sentirte a gusto en el proceso.

Enamorarse es quererse a si mismo, es volver a sentirse uno mismo al lado de alguien.