viernes, 29 de enero de 2016

Encontré una carta, era la tuya

En aquel buzón encontré una carta, la tuya.
Dejaste una carta llena de recuerdos en mi buzón, tenía tu aroma, tu preciosa mirada, tu sonrisa escondida y tus palabras mudas. La acaricié durante varios minutos hasta que me vi preparada para abrirla pero no pude hacerlo. El sobre estaba roto, aquella carta tan deseada se había esfumado, ya no estaba. Pero ese día, no me di por vencida, quise ir en busca de lo que me pertenecía, quise saber la verdad de todos nuestros besos y caricias. Me puse la ropa que llevé en nuestra primera cita, quería revivir el momento. Enfundada en aquella ropa salí a la calle, aferrándome al único deseo que me quedaba, tu carta. Era la tuya. La lluvia ya empezaba a recorrer las calles, ya todo se volvía gris, ya nada tenía color. Pisaba los charcos, cada vez lo hacía con más fuerza hasta que el miedo me atrapó por completo. Esa carta había sido perdida, al igual que te había perdido a ti. Para siempre. Aquella tarde bajo la pálida luz del sol, bajo las nubes grises y algún que otro pájaro. Me senté en la acera, esperando a que alguien apareciese. Con sus recuerdos en mi mente, reviviendo aquellos momentos, sentí escalofríos y supe que ya no había nada que hacer. Volví a casa, sin paraguas. Mojada y húmeda por todos lados. Otra vez, pasé por aquel buzón vacío pero lo que yo no descubrí fue que la carta sobresalía de una de las esquinas. Nunca se perdió. Pero yo sí que te perdí, ya no me quedaron tus recuerdos, tan solo me quedaron historias llenas de nostalgia que una tarde de invierno pude contarle a aquel nuevo chico del que me había enamorado. Ahora, me parecía una pérdida de tiempo recordar aquel amor pasado pero en aquel momento, cuando ocurrió, sentí que me caía en un pozo sin fondo y encerrada en aquel chico supe que nunca lo superaría. Por mucho que intentase ocultarlo, él ya no estaba. Aquel primer chico que se me había clavado en el corazón, ya no podría salir de él, por mucho que que lo intentase y por mucho que fingiese que sí que estaba fuera, que tan solo era un simple recuerdo sin importancia, en realidad era mucho más, él ya no podría salir de mi corazón. Nunca.
Años más tarde recogí esa carta, tu carta.
NUNCA DIGAS UN FIN A NADA, NUNCA PIENSES QUE HABRÁ UN FINAL, NUNCA DEJES ESCAPAR A NADIE, NUNCA OLVIDES QUE TE AMÉ, Y QUE AL IGUAL QUE TÚ, YO TAMBIÉN RECUERDO LO QUE FUIMOS AQUELLOS MESES. ERAMOS MÁS QUE TÚ Y YO, ERAMOS ILUSIONES Y SUEÑOS. PERO NUNCA DEJAMOS DE SER SIMPLES ADOLESCENTES QUE SE AFERRARON A LO QUE TENÍAN, PERO NUNCA DUDES QUE ESTO AUN NO HA ACABADO, PUES NINGUNO HA DICHO UN FIN. Y NUNCA LO DIGAS, TAN SOLO DEJA PASARLO. A MÍ TAMBIÉN SE ME CLAVÓ TU AMOR Y CUANDO RECIBAS ESTO, NO SÉ SI YA TE HABRÁS OLVIDADO, PERO QUIERO QUE ME RECUERDES . EN ESTA CARTA NO HAY NINGUNA MENTIRA, FUISTE TÚ. NO RESPONDAS, NUNCA LO HAGAS. EL VIENTO SE LLEVARA ESTAS PALABRAS PERO TÚ LAS RECOGERÁS ANTES DE QUE SE VAYAN Y LIGERAMENTE SE TE CLAVARÁN EN EL CORAZÓN, ESTE ESCRITO SERÁ LA PRUEBA DE QUE NUNCA SE ACABÓ Y A DÍA DE HOY, AUN NO LO HA HECHO. MIRA ATRÁS PERO SIGUE ADELANTE

Eran recuerdos

Huía de mis recuerdos, de los momentos más amargos de mi vida, que se habían atascado en mi memoria y ya no podían salir. Corría por el sendero lleno de ramas secas y puntiagudas, intentaba salir de allí, llegar a un lugar donde poder esconderme del mundo, sin miradas ajenas. Solo se oían mis pasos en aquel inmenso bosque, solo se oían los crujidos producidos por las hojas y ramas rotas. Los pájaros volaban en círculos en aquel cielo gris, tan solo se colaba la escasa luz por los altos pinos. Intentaba permanecer oculta, en un parte de aquel bosque, mis cabellos enredados y oscuros parecían intentar no mirar atrás. Se podían oír mis fuertes latidos, mis gotas de sudor recorriendo lentamente mis pómulos y mi frente. Sentía un tremendo cansancio, pero a lo lejos pude ver una casita hecha de madera, ocultada bajo un árbol lleno de animales. Todos salieron huyendo al verme, todos me dejaron sola. Me dejaron vía libre para entrar en la casa y cerrando un momento los ojos, imaginé ser la dueña de aquel bosque, con poder sobre todos.
Subí con lentitud los escalones, pero no tenía miedo tan solo quería encontrar el refugio para alejarme de mis pensamientos, para huir de mis penas y sentimientos. Quería un mundo de paz, lejos de otras voces, lejos de otras críticas que no fuesen las mías propias. La puerta de la casa estaba cerrada así que me senté a esperar, a descansar y me di cuenta de que en aquellas escalones había un libro de dibujo. Todo eran escenas románticas, todo eran besos y caricias de alguien perdidamente enamorado. Los trazos habían sido dibujados con delicadeza y pasión. Eran trazos realmente bonitos hechos con bastante pulso, sin embargo en las últimas páginas no era lo mismo. Todos los dibujos estaban trazados desordenados, se chocaban entre sí, hacían daño a la vista. Eran imágenes tristes pero parecían hechas por una persona muy diferente a la de antes, parecían dibujados por una persona enferma. No quise seguir mirando, todo se había vuelto negro y gris. Sentí ganas de desmayarme al pensar en aquellas horribles imágenes que se habían grabado en mi mente. Tenía las manos apoyadas en la cabeza y respiraba rápidamente. La puerta se había abierto sin darme cuenta, pensé que el viento la abría abierto, pero ni siquiera había viento. Pensé que podría haber sido algún animal ocultado en la casa pero no había ninguno, todos se habían ido. Nunca quise pensar que tras aquella puerta se encontraba oscuridad y una persona. Pero entré. Alguien me arrastró hacia dentro, alguien me empujo contra la pared, alguien me susurró unas palabras que no entendí, alguien me hizo daño, alguien me atrapó allí, alguien me dejo tirada en aquella casa, en la inmensa oscuridad, alguien me dibujó con rasgos duros y manchando todo el papel, alguien me mató por dentro, alguien hizo de mí un sucio recuerdo más.
Y ese alguien llevaba el nombre de MIS RECUERDOS.
El horizonte está oscuro, mis pensamientos flotan en el aire, puedo oír el silencio invadiendo el mar, toda la niebla se cierne sobre  mi cuerpo muerto en el que el amor ya no existe, creo que no oigo las pulsaciones de mi corazón, mis lágrimas se convierten en tinta negra que dejan un recorrido en la arena. Necesitaba cariño, lo perdí. La realidad me golpeó bien fuerte dejándome sin respiración, sin un recuerdo al que aferrarme, sin alguien a quien podía querer. La noche se había vuelto oscura, el día se había vuelto desgarrador, en aquel lugar sin sentido, todo parecía convertirse en motas de polvo, todo era gris. No podía abrir ningún camino, ya nada se observaba con claridad, la tumba estaba clavada allí, enterrada entre la hierba y descansando en el subsuelo. Con flores marchitadas, sin nadie llorando por mi cuerpo. La vida se había convertido en un secreto, mi secreto. Mi  muerte había sido un sueño en la oscuridad de la noche. Mis labios no volverán a rozar los tuyos, mis sonrisas ya no serán regaladas, porque mis ojos se cerraron dejando un largo rastro de misterios en tu vida. Dejándote con un corazón casi muerto, herido por todas sus esquinas. No me culpé, ni mis palabras recargadas de odio lo hicieron, ya no era hora de preocupaciones.
Mi alma vagaba por aquel cementerio, por la necrópolis de la ciudad, encerrado en mis pensamientos que quedaron vagando por el mundo, pero nunca morí sonriendo, tampoco llorando, mis ojos se quedaron en blanco y mi último pensamiento fue odio, injusticia, morí siendo un perdedor. Silencio.

La muerte se nos queda demasiado lejos, hasta que llega el momento y nos damos cuenta de que está más cerca de lo que creemos.
Si no puedes más, no tienes por qué quedarte. Puedo estar bien sin ti. Jamás te dije que te quisete dije que te amaba. Y tampoco tú crees que podamos contar nuestras grandes experiencias con los dedos de una mano (aunque las pequeñas puedan significar algo más que simples casualidades de la vida). Y no me molestará que ahora me llames cualquier cosa, la mayoría no serán verdad, y lo sabes. ¿Por qué si no estaríamos enamorados? Lo único que puedo aceptar que me llames es mentirosa. Porque sé de sobras que lo soy.

¿Y sabes qué? Es cierto, contigo todo era mucho mejor. Y no querría renunciar a ello. Pero puedo vaticinar que no llegará a ningún lado, porque así la vida me ha creado, siendo una insegura niña que no cree poder sentir el amor más allá de los poros de su piel. Probablemente pronto eche de menos tu mano agarrada a la mía en los paseos matutinos por la playa. Y tus besos en la frente cuando no puedo dormir. Tal vez algún día cuando te vayas las lágrimas dejarás de empapar la almohada. Solo prométeme una cosa: volveré a ver en tus ojos el color del arco iris. 


Yo soy la persona más débil en el mundo | mediante Tumblr

La noche helada escondía secretos, escuché tus pasos que se dirigían hacia un lugar lejos de allí. Todas las noches me dejabas con aquel insomnio del que parecía no escapar, sentía tu mirada clavada en mí. La oscuridad me iba tragando poco a poco, el amor me corroía por dentro, había llegado a estar atrapado en mi mente. Jamás adiviné cómo salir de allí. Respiraba sin hacer ruido, no me atrevía a parpadear, estaba tumbado mirando al techo, nunca pensé que fuera tan difícil salir de uno mismo. Ya no sentía aquellas ganas de sentirme libre, tampoco quería abandonarte. Seguía buscando la manera de escapar de la tormenta, me pasaba horas esperando a que llegaras. Las lágrimas, que eran mis únicas amigas para poder liberarme, me abandonaron. Al igual que las fuerzas y los sentidos. Necesitaba ayuda. Nadie podría ayudarme, pero tal vez, algo sí que me aliviaría. 
El anhelo de tenerte cerca se convirtió en mi mayor prisión 
Lo tenía allí, a mi lado, no recuerdo lo que ocurrió después, me desahogué en botellas llenas de alcohol, y sus efectos, pronto comenzaron a surgir. Caí en aquel suelo de cemento, sentí un dolor en la pierna y en el brazo, pero el dolor con el que más sufría, era el de mis sentimientos que muy pronto, abrirían una herida imposible de sanar. Me quedé allí, durante días, nadie acudió en mi ayuda. Sin embargo, ahora comprendía que las drogas tan solo aliviarían unos minutos, pero no arreglarían una vida. Me había adentrado en un mundo sin escapatoria. Tan solo podía arrepentirme de mis errores. Intenté levantarme, sin embargo, no pude hacerlo solo. Las drogas no me ayudarían más. Noté la mano de un amigo lejano, que emprendió el camino más duro de todos junto a mí. Intentar curar a un enamorado. Me dio el empujón que necesitaba, sin embargo, de la tristeza solo se puede salir uno mismo. 
Aquí estoy sentada, en nuestro bar, esperando que entres por la puerta y ocupes el sitio vacío, que aunque tú tengas cosas mejores que hacer, yo no. Los cuadros que decoran el lugar, aquellos que tantas veces miramos juntos,
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 me miran como interrogándome, como preguntándome a gritos dónde está
 esa sonrisa que me acompañaba cuando tú también lo hacías. O tal vez sus rostros pregunten por ti, igual que mi corazón, igual que cada canción que suena en mis discos, igual que el inocente camarero que ha seguido inconscientemente con su costumbre de poner dos pajitas en la bebida. Una de las que se doblan, para mí, que siempre fui una niña y una de las normales para ti, el mayor de los dos. Y esa pajita también me mira, expectante, quiere tus labios al igual que yo los quiero sobre los míos, en mi mejilla,
 en el pelo. Todo pregunta por ti sin hablar, y yo no sé responder, ni mirar, ni caminar desde que no estás. Solo sé escribir, y sin éxito, pues no nos engañemos, un bolígrafo puede hacer muchas cosas buenas, pero qué me va a recordar más a ti que la tinta negra escribiendo, con letra pequeña, ese gesto que tenías al retirarte el pelo negro de la cara o la primera vez que tiraste de mi brazo para llevarme junto a ti. O tal vez por lo que pregunten todas estas cosas y personas, aquello por lo que pregunta mi vida a día de hoy, sea por mi coherencia. ¿Quién dejaría ganar a un corazón enamorado sin darse cuenta de que es como pedir a un psicópata que dispare? Y por mucho que me termine la bebida de un sorbo y tire tu pajita lejos, sé que  esa persona que sigue dejando ganar a su corazón, soy yo.

miércoles, 27 de enero de 2016

Una frase lo cambió todo. 
Una frase sin sentido, que iniciaría una historia sin sentido.

Fue el nuestro, un amor truncado.
Te amé, pero jamás dejé que me amases.
(Llámenme idiota si quieren)

El idilio, la felicidad que sentía cuando tu sonrisa aparecía por fin tras la puerta.
Ni tú ni yo nos decidimos a dar el paso final hacia nuestra historia.

Tu voz, recordándome siempre que me querías.
Tu mirada en busca de mi rostro.
Tu cabeza, buscando escusas para pasar más tiempo juntos.

Ni tú ni yo fuimos dichosos. 


Un año después, me desperté pensando en ti.
Sonreí por todo lo vivido.
Sabía que no te volvería a ver jamás.

Tu voz resonó en el eco de mi conciencia.
Ya no era una fantasía, eras material.
Eras tú, el de siempre: tímido, recatado y dulce.

Me diste los mejores años de mi vida.
Me diste las noches más largas.
Me diste las tardes más divertidas.
Me diste las sonrisas más verdaderas.
Me regalaste tu sabiduría.
Me presentaste a mi ídolo por aquel entonces.
Me ayudaste a avanzar.
Me ayudaste a ser quién soy...

Me lanzaste cuchillos.
Me levanté.
Te dije bien alto que NO.

Fue aquel, un amor IMPOSIBLE
Somos amantes nocturnos, amantes en nuestros sueños...
somos dos almas condenadas a la soledad, por miedo.

Apaga la luz y deja que las horas corran,
como nuestros cuerpos sofocados,
danzando bajo la luz de la Luna.

El relente moja nuestras ropas. Pero ya no las necesitamos.

Cómeme, bébeme.

Nos ciega el sol de la mañana: "¿quieres quedarte a mi lado?".
Silenciosos, nuestra respiración se hace una.
Lloramos, nos damos cuenta de que nuestro único final feliz 
ha sido el culmen de nuestro libido desenfrenado.

El despertador emite su agudo llanto,
nos despertamos sofocados, cada uno en su cama.

Nuestro lugar sólo está en sueños.
La realidad no nos dio la oportunidad de tener nuestro final (feliz o no).
Un final para despedirnos, desnudos, hasta que la juventud muera.

El viento se lleva con él nuestra memoria cuándo el sol asoma por el horizonte infinito.
Infinito, como nuestro amor carnal.

Sólo me queda esperar a que se haga de noche de nuevo.
Querido calor vital:

Por una vez he de olvidarte y he de plasmar mis propios sentimientos bajo el calor de un viejo flexo, junto a la tibia luz de una vela y rodeada de hostilidad.
Miro a los lados, asustada, por las sombras inexistentes. Busco una mirada que me atormenta y no existe. Sé que tras estos muros hablan de mi... Todos están en contra.
Tengo una maraña de cables por cabeza: no sé que quiero ni qué estoy haciendo. Me cuesta mirar al futuro, pero porque no hay futuro para mi. Me sofoco al pensar en la muerte, pero día a día camino a su lado (y si no la encuentro, la busco para darle la mano).
A veces siento como si algo o alguien agarrara mi garganta y apretase fuerte. En ocasiones veo, sin estar dormida, a la gente que quiero muriendo.
Tengo una mierda por corazón, y es que no es fácil explicar como cuando algo me parece bello y lo aparto de mi lado, sólo por miedo. Tengo miedo a ser feliz y odio a la humanidad.
Escribo estas líneas con los ojos empapados en lágrimas, dudando si seré capaz de escribir una sola línea más.
Pienso en las caras de horror de los que descubrirían mi cuerpo inerte. Pero ya nada hay para luchar, pues todo lo que he emprendido se ha hundido.
He perdido.
Siempre.
Así es mi día a día.
sé que existes porque te he inventado, y
no lo niego, es un riesgo que asumo:
.
vivo esta vida entre tus manos porque tengo
una certeza muy confusa: puedes llegar a suceder.
.
y a veces no hay riesgo ni fuga, y no hay disparos,
y sin embargo dejamos heridos
detrás de palabras como olvido, perdón o amor.

debe ser la forma exacta de tu risa.
puede ser el acorde en el que tú me miras.

cuando vuelvo sólo a casa y de noche,
ni temo al frío ni temo a esas ganas enormes
de abrazarte: sólo porque sé que no podré hacerlo.

otras noches -muchas- siento tremendo miedo a vivirte.
.
como si en el reverso de tus ojos ya no existiera retina
busco encontrar mi pasado y no verte,
busco pensar un futuro y que nunca más me encuentres.
.
odio el miedo de que nunca llegues.
.
y piso el nombre que busco con unos pies ya cansados
de cruzarse el uno con el otro, toda una vida,
sin dejar más huella que tu sonrisa.
.
tu sonrisa que no es poco, y que puede que
cuando ya no tenga nada, simplemente,
sea todo aquello que desee de ti en mi.
.
porque a mi los lunes y las despedidas
siempre se me dieron muy mal,
y últimamente no hag0 más que irme.
.
no soy el verbo ni la palabra, no soy la luz, no el escondite, no reconozco como ciertos algunos de tus dedos. veo pájaros saltando hacia el abismo y les envidio. soy la pluma. soy el aire. cuando estás desnuda soy la noche. cuando estás ausente soy el ansia. escribo porque no quiero olvidarlo, perdono porque no quiero olvidarlo. soy la pared y soy la grieta. no soy la vela y no la tierra. no lucho por aquéllo en lo que no creo, y no creo en nadie , aunque a veces lo lamento.
.
creo sin embargo en los ángeles y en la vida. en los sueños y en todo aquéllo que me asusta, como el fuego, como la nieve que cae desde el cielo y todo lo congela. no soy nada que puedas recordar. aún no he existido. soy el mar contra las rocas. no soy la roca contra el frío. te he querido, lo juro, te he querido. conozco a un sabio que dijo "las tortugas también vuelan". y era verdad. y no porque lo dijo, sino porque lo vi. lo que vemos puede llegar a ser tan cierto. rezo por un año que termine sin invierno.
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tú quisieras ser cerilla. si pudieras ser cerilla yo ardería. a veces pienso demasiado en el tiempo, y en las circunstancias y el problema es que me quedo pensando. si pudiera no pensarlo, tal vez podría cambiarlo. no quiero pensar solo en cambiarlo. cuántas veces tu regazo.
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no siento que la libertad ande muy lejos, sino que anda muy deprisa. me hago mayor pero no siento que envejezca. no soy vino, ni desierto ni aeropuerto. y sé como termina todo esto. lo he dicho muchas veces, lo he pensado muchas veces. al final todos nos vamos con lo puesto. tú por fuera y yo por dentro. si te juro que lo intento, no me crees, si te juro que lo intento.
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no soy la distancia y no el recuerdo. no la tristeza, no el lamento. tengo ganas de estar de pie y mirarte desde lejos.
.
quiero ser tantas cosas desde ahora: tanta luz, tanta farola. tanta calle y tanto beso. seré cielo y seré abrazo. seré camino. y alfabeto. inventaré el dodecaedro del que un día te hablé. sabré querer del pasado lo que nunca te diré. seré lo viejo y lo nuevo. querré tu pelo negro como un día lo juré, pero ya no será tuyo ni contigo.
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seré tanta vida que tal vez no tenga tiempo de contarte que estoy bien. pero si hay algo cierto es que soy lo que no es.
Sé que el frío llegará antes que mis razones y que no habrá excusas. 
 .
Cada vez que te despides dejas atrás no solo tus huellas sino también mis ganas.Yo no puedo con todo, de hecho yo nunca pude con todo. Me gusta verte por las mañanas y pensar "estás precioso" y saber que en la incertidumbre vive el riesgo, y en el riesgo todo aquello que podemos llegar a merecer. 
 .
La vida no tiene una hoja de ruta ni nuestros nombres un itinerario que cumplir. Puede ser perfectamente que nunca llegue a pasar nada, pero también puede que sucedamos. Podemos crearlo todo. Levantarnos por la mañana y decir "vamos a crear momentos especiales"
 .
Tiene una carga emotiva muy fuerte cuando sabes que alrededor hay gente que te importa, y con suerte, gente que te quiere. Y que nada es para siempre, ni siquiera lo que te digo ni lo que te escribo. Mucha gente cree que lo entiende, pero no lo entiende, sólo lo cree.
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Tengo la cabeza siempre a punto de estallar de palabras pero muchas veces prefiero no decir nada, porque como he reconocido muchas veces, me cuesta decir las cosas. Y si las escribo me ahorro el trance de decir(te)las y sé que lo entiendes pero no es lo mismo. 
 .
Debería tener esas palabras bailando en la boca y entonces cuando pases por delante sacarlo todo y vaciarme de ellas, quedarme sin aire, sin palabras y sin vida...pero ya me ves, siempre la cabeza a punto de estallar.
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¿Y cuando llegue el día en que ya te lo haya escrito todo, qué? 
Tal vez entonces, por fin, empezaremos a hablar de lo nuestro.
¿qué queda detrás de un silencio?
¿el recuerdo de lo que fuimos, o el de lo que quisimos ser?
.
no fui capaz de decir lo que sentía porque no quería que fuera más difícil para ti o para mi o para los dos. porque en verdad desde que nos conocimos todo fue siempre una despedida, primero a otros países, luego a otros lugares y al final a otras personas.
-
¿y cómo explicarlo?
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yo te vi y te quise. te quise mía. me quise contigo. encontré algo que siempre había buscado, y proyecté en ti muchas palabras que en mi cabeza aún buscaban un destino. y lo hice porqué lo sentía. vinieron miradas, roces, vergüenza, huídas y escondites. vinieron noches y más noches. un día llegó un beso. y luego algunos más. llegaron tus ojos que me dieron vida, aire, aliento, y calor contra todo mi frío. rozar tu pelo: para qué sirven las manos si no para eso, ¿no? sentirte cerca, diminuta, cautiva, capaz de hacerme daño o de curarme. y dormir abrazados. ojalá haber disfrutado más ese momento, el acto insignificante de tu cuerpo contra el mío. el no pegar ojo por la duda de que al despertar ya no estuvieras. como un sueño. y luego el irte, el saber que te largabas. por un tiempo. construir sobre una duda todo un cielo. qué bonito. qué triste. cuánto exceso. un amor como un secreto.
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(y te fuiste)
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y yo esperé como el que espera una tormenta, como el que sabe que se va a calar los huesos. pero quería mojarme. tanto. aprendí palabras para ti, me procuré un alfabeto en el que cupiera todo lo que iba a confesarte. me salté todos los tiempos. te seguí queriendo. detesté los mapas, los mares, la distancia. tuve miedo de las bombas y de no saber si algún día podría protegerte de lo que te atemorizara, o ayudarte a conseguir lo que fuera que necesitaras. y me llegaron palabras tuyas, pocas, que fueron puerto y esperanza. que fueron mar cuando yo ancla.
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(y volviste)
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y fui feliz de tu regreso, y volví a sentir la verguenza aquella de no conocernos en verdad, de saber que quizás solo era mi deseo. y recordé todo lo de antes. no hablo de ceniza ni de fuego. hablo de saber que te encontré. y quise cuidarte y que estuvieras bien, me empeñé en ello, te lo juro. puse mi energía en entenderte, y traté de ser sincera. y poco a poco me fui desprotegiendo pero nunca pude quitarte la armadura. una armadura que entonces no comprendí y ahora comprendo. ojalá muchas cosas, pero sobretodo ojalá que seas feliz. que yo quería conmigo y ahora no sé cómo pero lo sigo queriendo, incluso sin mi. y tengo una tristeza que me quema por dentro.
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(te vas)
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pero es una tristeza que es egoísmo. porque lo intenté, pero no pude ser tu amiga, no lo quise. y no lo quiero. porque sentir amistad para el que ama es una derrota todo el tiempo. porque en muchos silencios hay más paz que en aquéllo que decimos por decir. porque si yo te sé al pasar y no me giro para verte es porque me he roto el cuello. porque si te tengo enfrente y no te hablo es porque no sé como hablarte de este miedo. y porque desde que sé que estás yendo yo no sé como me siento. siento pena. me estremezco.
-
y no sé cómo gestiono una despedida que a poco que sea como imagino me va a dejar hecho pedazos, roto, seco. porque si ahora somos poco, a la fuerza tendremos que ser menos. porque donde ahora hay cuatro palabras, imagino que tendrá que haber cuatro silencios.
-
y sobretodo porque no estando enamorado -o sí- aún no imaginas lo mucho que te quiero.
Ahora,
por mucho que lo intente,
no consigo escribir en prosa.
No soy poeta,
tal vez,
si cuenta,
un intento de soñadora
con sentido de la realidad.

No me sale dejar que la frase
ocupe todo el renglón.
Creo que toda línea
necesita un espacio
para reflexionar cada palabra,
cada sílaba.

Necesita un espacio
para dejarse respirar,
que esta estrofa lleva mucho tiempo unida
y se está empezando a agobiar.

Que estas rimas
están dejando de ser bonitas
porque están cansadas del poema,
que ya lo han recitado muchas veces.

Que necesitan un paréntesis
entre verso y verso,
porque no se llevan bien,
y tristeza lleva un vestido más bonito Que el poeta está agotado de peleas

y se estrella, 
y está pensando dejar de escribir romances 
y empezar a escribir novelas, 
aunque 
por mucho que lo intente 
no consiga escribir en prosa.
que felicidad.

Que el título no hace justicia al contenido
y el contenido está emigrando
a un lugar
donde se le aprecie.

lunes, 25 de enero de 2016

-¿Cuando no queda nada que se puede hacer?.
-Volver a comenzar.  Pero no de la misma manera, no otra vez igual. Porque ya sabes que no será igual.  Con todo despedazado.  Talves puedas hacer otra cosa, diferente, si es que quieres hacer algo.
-Pero sabes que no tengo ganas, ni fuerzas. Para mí todo ha acabado, solo queda un desierto hostil, donde antes había flores… y la amargura que crece con rabia…
-Me preocupa tu estado.
-No quiero forzar un comienzo. Siento que es artificial. Como poner una bomba de aire a un moribundo. No quiero. Prefiero seguir por donde voy y arrastrarme en mi tierra y darme cuenta que no hay nada. Es más quisiera solamente arrancarme cualquier raíz que por dentro quiera revivir… tengo miedo…
– Siempre da miedo amar.
-Pero parece que tú no comprendes nada.
-Te comprendo, mucho más allá de lo que crees. Te comprendo porque estuve en tu lugar.  Ame, y ame hasta cuando no querían ni saber de mi.  Y dolió.  Dolió hasta la muerte.  ¿Y no es eso el amor, un sacrificio que solo es tal si llevas tu cara bien limpia y lavada, y tu ser perfumado, tanto, que nadie nota ese dolor que por dentro apaga cualquier rebeldía… Nadie que no haya amado entiende esto.
-Pero yo no tengo la fuerza que tienes tu. Soy  tan débil… estoy tan destruido… y soy tan pequeño… soy como un niño golpeado, despreciado en lo más hondo de su ser por quien debió protegerlo…
-Querido… que podría yo decirte que te calme?.  Solo deja que te abrace, no apartes mis brazos, espera conmigo a que el sol amanezca.  Por favor no te vayas, espera, me quedaré aquí contigo, no estás solo,  espera.  No arranques de tu ser lo hermoso que queda… no lo hagas por favor… Sé que tu no crees en Dios, pero Él fue quien me dio las fuerzas cuando pase por ese desierto amargo que ahora cruzas tu. Cuando quise acabar con todo, porque era más fácil terminar que soportar… Él  me sostuvo. Él  me mostró quién era Él, quien es Él, el único que puede “abrir caminos en el desierto y ríos en la soledad”. 
-Quisiera tener eso que tienes tu.
-Lo tendrás.  Lo sé. El amor, el camino correcto, es un camino que puede ser muy doloroso y difícil, pero si no renuncias a mantener esa chispa que enciende otra vez tu corazón, vivirás.  Suena paradójico, pero ese pequeño retoño que se niega a morir y al que le tienes miedo porque crees que te hará sufrir de nuevo, es la vida de tu corazón, al final lo único que importa es que puedas sentir y ser sensible a la voz que te habla desde adentro, no lo dejes morir…, aunque te digo, si muere, no llorarás, pero tampoco reirás, ni siquiera te darás cuenta de nada. Y no es eso como estar muerto?. Pero estar vivo y amar de verdad quizá sea puro llorar por dentro y por momentos ver la luz… o talves como dice la canción “el amor es un frío y roto Halleluyah”. Pero no te cierres… espera. Deja que te abrace hasta que amanezca…